Para la realización de esta
tarea, he realizado entrevistas a mis abuelos, a mis padres y también me he hecho una entrevista a mí, haciendo referencia a cómo era la escuela por la que cada uno de nosotros hemos pasado, por lo que he basado el trabajo
en las vivencias, y las pocas imágenes y archivos encontrados por casa.
Familiar:
Mi abuelo Ignacio Muñoz,
89 años, jubilado, y anteriormente de profesión, pastor.
Ley de Educación: estudió durante la II República
en el Colegio del Santo en Alcázar de San Juan.
“Fue a la escuela de “cagones” del Santo de Alcázar de San Juan hasta los 8 años. Allí tenía dos profesores los cuales le enseñaron a leer y a escribir solamente, la clase se organizaba en una mesa redonda, en la que alrededor se sentaban todos los niños. Mi abuelo recuerda que cuando algún alumno se portaba mal, el profesor cogía la correa y les daba en las palmas de las manos, o les hacía colocarse con la cabeza entre las piernas y les pegaba en la espalda.
Cada alumno llevaba un lápiz y papel, y en clase había un solo libro que iba rotando por todos los alumnos con el que aprendían a leer. Los profesores le enseñaron a leer mediante la práctica de la lectura en voz alta. Mi abuelo a los 8 años, dejó la escuela ya que se tuvo que ir a trabajar al campo con el ganado para ayudar a sustentar a su familia. El aprendió a realizar los cálculos básicos como sumar, restar y multiplicar por su cuenta, y continuó con el aprendizaje de la lectura en las calles, ya que cuando se encontraba cualquier papel o folleto, intentaba leerlo para ver si era capaz.
A la edad de 12 años a través del un golpe de estado comenzó la guerra en España por lo que no pudo continuar ni con su trabajo, ni con sus estudios, y el fin de la guerra le pillo con 15 años, donde ya no tenía tiempo, ni recursos para estudiar, sino que debía sustentar a su familia”.
Familiar: Mi abuela Anastasia Cano, 80 años, jubilada, y anteriormente de profesión, ama de casa.
Ley de Educación: estudió durante la II República en el Colegio de Arenales de San Gregorio
“Tenía un profesor,
Don Manuel, quien hacía una gran distinción política entre los niños
dependiendo de sus ideologías. Más tarde tuvo otro profesor, del cual no
recuerda el nombre, este era profesor porque le gustaba la profesión, solo
pegaba a los niños cuando estos se portaban mal, y les daba una educación básica:
aprender a leer y escribir y algo de cálculos básicos.
El colegio al que fue, no tenía ninguna comodidad, ya que no
contaba con baño, ni con calefacción, sino que cada alumno llevaba una lata con
brasas para calentarse. Las clases eran segregadas, chicas por un lado y chicos
por otro, aunque durante el recreo los juntaban. Recuerda cómo iban más chicas
que chicos al colegio, ya que los chicos desde muy pequeños se dedicaban a
trabajar con el ganado o en el campo para ayudar a sus familias”.
Mi abuelo Ignacio, en
la típica foto de colegio de su época.
Imagen
de una clase segregada tradicional durante el Franquismo, en la que podemos ver
como uno de los elementos predominantes era el crucifijo y la imagen de Franco.
Familiar: Mi padre Antonio Muñoz, 47 años,
jubilado, y anteriormente de profesión, agricultor.
“Recuerda como tenía un profesor
Don José Luis, el cual se portaba bien con ellos, y no tenía ningún tipo de
violencia, les enseñaba la lección mediante clases magistrales, y según mi
padre era muy bueno enseñando matemáticas.
Familiar: Mi madre Anastasia Cano, 46 años,
profesión: ama de casa.
“Fue al jardín de infancia a los
2-3 años en el Colegio de Arenales de San Gregorio, más tarde pasó a la escuela
de párvulos a los 5-6 años, después de esto, comenzó EGB en el colegio de su
pueblo. Tenía varios profesores los cuales les daban las múltiples asignaturas.
Cada alumno tenía sus libros y
cuadernos, y el método que seguían los profesores era el de dar apuntes en
clase, seguir algún libro y en las asignaturas de práctica, ejercitar los
aprendizajes.
Al final de los temas, el profesor les hacía las pruebas escritas
o exámenes. Mi madre compaginaba sus estudios de EGB con los de la costura,
estudió hasta acabar la EGB, obteniendo el título de Graduado, pero no pudo
continuar estudiando ya que aunque era muy inteligente tenía que trabajar para
ayudar a mantener su familia. Mi madre recuerda que muchos de sus compañeros,
faltaban a clase regularmente ya que no podían asistir porque ayudaban a sus
padres en el trabajo (agricultura y ganadería), por lo que dice que el profesor
no podía adelantar demasiada materia, ya que si no, los alumnos que faltaban no
superarían el curso. Me cuenta como a los alumnos un poco revoltosos el
profesor les daba con la regla de la clase en el hombro, o una colleja en la
nuca, y cómo la figura máxima era el profesor, al cual delante del nombre le
ponían el Don”.
En
esta clase de la LGEs e aprecia un gran cambio, ya que se introducen alumnos y
alumnas en el mismo aula.
Las imágenes anteriores son de
actas y cartillas de notas, de mis padres.
Familiar: Yo Sandra Muñoz Cano, 19 años, estudiante.
“Empecé el sistema educativo a
los 2 años en Educación Infantil en El C.P San Gregorio, y la verdad es que no
tengo muchos recuerdos de cómo eran mis profesores en esa etapa educativa, pero
sí recuerdo que dedicábamos las clases a actividades más lúdicas. Seguí la
educación primaria con la LOGSE, tengo muy buenos recuerdos de esa época, ya
que siempre me ha gustado ir al colegio y estudiar. Pienso que todos los
profesores que he tenido en la etapa de primaria tenían buenas cualidades ya
que por estar en mi colegio tenían un doble reto. Al tener mi pueblo menos de
1000 habitantes, hay un único colegio pequeño, las clases se dividen por
ciclos, y en una misma clase están los alumnos de primer y segundo curso y así
sucesivamente. Me acuerdo sobre todo de cuando yo estaba en 5º curso, y
compartíamos clase con 6º, la profesora tenía que controlar el tiempo, para
realizar actividades con los dos cursos y dar las explicaciones convenientes.
Al tener un ratio muy pequeño de 10 alumnos por curso más o menos (20 por
clase), la profesora nos hacía muchísimas actividades e incluso a veces nos
podía subir el nivel a los de quinto ya que al estar en la misma clase que los
de 6º veíamos sus contenidos también.
Cuando entré al Instituto, tenía
que ir al del pueblo cercano, Campo de Criptana, ya que en mi pueblo no
había. Desde mi punto de vista, pienso que los alumnos que teníamos que
encargarnos de coger todos los días un autobús para ir a otro centro, aprendíamos
antes lo que era la responsabilidad. En el Instituto, la gente que venía de mi
colegio iba un poco adelantada del resto, en el sentido de que como la
profesora del colegio tenía tan pocos alumnos, pudo invertir tiempo en
prepararnos para la ESO. Ya en el Instituto creo que he tenido profesores de
todo tipo, desde los que nos ven mal un día, y se interesan por nuestro estado
de ánimo para que eso no nos distraiga de sus clases, hasta los profesores que
llegan, dan su clase y se marchan, sin intentar conocer como son los alumnos
que tienen.
En Bachillerato he tenido una muy
buena experiencia, ya que los profesores nos transmitían que les gustaba el
trabajo que realizaban. Por ejemplo, he tenido el caso de muchos profesores que
si no entendíamos lo que nos querían transmitir en sus clases, quedaban con
nosotros fuera del horario escolar para darnos clases sin ningún ánimo de
lucro, solo para prepararnos para la PAEG.
En la carrera también pienso que
hay profesores que realizan muy bien su trabajo, se preparan las clases…; pero
también hay otros (minoría) que no resuelve nuestras dudas, y no responde a
nuestros e-mails”.
Esta es el aula de 1º de Educación Primaria, de mi colegio, en la que celebramos el día de carnaval.
En mi opinión creo que este
trabajo de investigación, nos ha ayudado a obtener más datos sobre la evolución
de la educación de nuestros antepasados, ya que muchos no sabíamos demasiado de
los docentes que había anteriormente, solo conocíamos la típica frase de
nuestros padres: “esto con el profesor que yo tenía, no pasaba, porque existía la
regla…”.
Pienso que echando la vista atrás
se puede deducir que la escuela puede mejorar si todos nos comprometemos a
ello, y se debe empezar por cambiar el modo de dar las clases, porque estoy en
total acuerdo con la frase que dice: “tratamos
de educar a los alumnos del siglo XXI con profesores del siglo XX y métodos del
siglo XIX”. Esto lo estamos viendo en el día a día, hay profesores que siguen
utilizando los apuntes que usaban hace años, por ello creo que se debe cambiar
la mentalidad y metodología de los
profesores y de los padres, ya que yo he vivido experiencias en las que
profesores han querido innovar en el aula y los padres se han negado diciendo
que eso son tonterías.
Otra
de las cosas que habría que cambiar, es que los padres no se tomen enserio las
reuniones informativas que hacen los profesores y a veces ni conozcan quién le
da clase a sus hijos. Me parece vergonzoso ver como en España está aumentando
el absentismo escolar, y nadie hace nada, pero también se les echa la culpa de
esto a los profesores.
Creo
que la educación no es efectiva en España porque partimos de que si en la clase
se intentan enseñar unas normas y después en casa, los padres por falta de
tiempo u otras razones no inculcan a sus
hijos esas mismas normas, no vale de nada que un profesor se dedique a eso. En
mi opinión los padres deben dar una porción de independencia a sus hijos en la
escuela, para que ellos aprendan a ser responsables, pero nunca dejar de
supervisarlos y estar en contacto con sus profesores.









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